Cuando cumplió los 7 años y vio la película de Superman, se convenció a sí mismo de que él también había sido tocado con algún superpoder, y decidió dedicar su vida a investigarlo.
Le costó 2 dientes descubrir que no podía atravesar las paredes, una brecha comprobar que no podía volar y 3 puntos en la rodilla percatarse de que tampoco poseía el don de la superfuerza (bueno, también le ayudó a descubrirlo Manuel, el matón del colegio).
A los 18 años se dio por vencido. Se resignó a ser un vulnerable humano más, sin ninguna de las gracias propias de los superhéroes.
Cuando conoció a Daniela, con sus rizos dorados y su luminosa sonrisa, por fin le fue revelada la naturaleza de su facultad. Cuando la vio pasar agarrada a la cintura de ese estúpido chico en la moto, se dio por fin cuenta de que el don que le había sido concedido era el de la invisibilidad.

Me encanta este relato, quien no ha experimentado alguna vez en la vida la sensación de ser invisible, Yuju!!!! Todos somos superhéroes
ResponderEliminarSuperhéroes de la vida, qué ya es!
ResponderEliminar:)