viernes, 30 de septiembre de 2011

No todos los caminos llevan a Roma.


Ya no importa el cristal con que se mire, sólo volver a casa...


jueves, 29 de septiembre de 2011

Repartición de bienes.

  
     Ella llegó a su vida sin pena ni gloria. Después de cinco años de discusiones, decidieron repartirse las cosas y marchar cada uno por su lado. Él salió del despacho del abogado con pena de la mano. Gloria y ella marcharon riendo en direccíón contraria.

martes, 27 de septiembre de 2011

La insoportable vacuidad del ser.

La princesa cepillaba sus cabellos sentada al borde del estanque. Como cada día desde hacía unos cuantos, un sapo salió de entre los nenúfares para hacerle compañía. Durante un par de horas bailaba para ella agitando sus patitas, croaba alguna de las canciones de moda o contaba chistes sucios que hacían sonreír y sonrojar a la bella princesa.


Una mañana la joven leyó en un magazine de moda, que se conocían algunos casos de sapos, que tras ser besados por bellas señoritas, se convertían en apuestos príncipes. Esa tarde la joven bajó al estanque con una extraña agitación en el pecho. Cuando el batracio saltó fuera del agua la princesa le comentó lo que había leído, y aunque jamás había escuchado nada igual, se dejó besar por la dama.

Desapareció en medio de una espiral de humo y efectivamente reapareció convertido en un apuesto príncipe, de rubia melena y gallardo porte. La princesa, hipnotizada por su belleza y deslumbrada por el brillo de su armadura, le cogió de la mano y juntos subieron el camino que conducía a palacio.

El sapo, sorprendido y fascinado por su nuevo aspecto no paraba de mirarse al espejo, acariciarse el pelo y palparse los músculos de los brazos.

- ¿Habéis visto mis brazos princesa? ¡Mirad que músculos donde  antes no había más que un par de esmirriadas ancas!

- ¿Os habéis percatado, princesa, de lo dorados que lucen mis cabellos al sol? ¡Antes no me cubría más que piel rugosa y espesa!

- ¿Habéis observado mis blancos y fuertes dientes y mi voz potente y grave?¡ No cómo mi anterior croar, que no intimidaba a nadie!

Esa misma noche, mientras el príncipe dormía, la princesa se escabulló fuera y bajó al estanque, a ver, si con un poco de suerte, encontraba algún sapo insomne que le contara un chiste verde, o que croara canciones de moda y la hiciera reir un rato.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Los cuentos cambian.

La Bella Durmiente se dio cuenta de que las cosas no marchaban bien. Era la quinta noche consecutiva que se hacía la dormida en el sofá cuando escuchaba las llaves del príncipe entrando en la cerradura.

jueves, 15 de septiembre de 2011

A 8 cm del suelo.





Salió de la ducha, se lavó los dientes y se atusó el pelo. Un traje gris, aburrido, sería su uniforme, un día más, para ir a la oficina.  Se puso unos tacones y sonrió cómplice a su reflejo en el espejo, aún desperezándose. Ellas conocían un secreto, uno que se transmite de mujer a mujer, de generación en generación en una matriarcal confidencia. Los tacones consiguen, mágicamente, arrancar sonrisas. Al fin y al cabo, son los únicos que realmente logran elevarnos 8 cm sobre el suelo, y así, ayudarnos a evitar tener los pies sobre la tierra.

domingo, 11 de septiembre de 2011

La vida secreta de las palabras

Cuando alguien le preguntaba por qué gustaba tanto de pasarse las horas sola, en su cuarto, sin jugar con nadie, sin hacer ruido, ella se limitaba a mirar con sus risueños ojos y a esbozar una media sonrisa.
“Pobre niña, todo el día sola, encerrada… se debe aburrir tanto sin jugar con nadie, con la cantidad de niñas de su edad que hay en el bloque”
Como cada tarde, después del colegio, merendó rápidamente en la mesa de la cocina y subió corriendo los escalones hasta llegar a su cuarto. Al cerrar la puerta, salieron de debajo de la cama, del altillo del armario y de los más profundo de los cajones, miles y miles de palabras. Ella las reunía, las alineaba o las guardaba en una caja para futuras ocasiones, y con ellas creaba un barco pirata, un castillo encantado o una remota selva.  Otras veces prefería saltar a la comba con los adjetivos o disfrazar a los sustantivos de hermosas señoritas para tomar el té.
Y cuando su madre le preguntaba por qué no quería jugar con Adelita, esa pesada del cuarto, que no era bueno que creciese sin amiguitas, ella miraba de reojo debajo de la cama y esbozaba una cómplice sonrisa a algún pronombre que, impaciente por salir de su escondite, asomaba una patita por debajo de la cama…