jueves, 15 de septiembre de 2011

A 8 cm del suelo.





Salió de la ducha, se lavó los dientes y se atusó el pelo. Un traje gris, aburrido, sería su uniforme, un día más, para ir a la oficina.  Se puso unos tacones y sonrió cómplice a su reflejo en el espejo, aún desperezándose. Ellas conocían un secreto, uno que se transmite de mujer a mujer, de generación en generación en una matriarcal confidencia. Los tacones consiguen, mágicamente, arrancar sonrisas. Al fin y al cabo, son los únicos que realmente logran elevarnos 8 cm sobre el suelo, y así, ayudarnos a evitar tener los pies sobre la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario