Soltó la antorcha, bajó de su pedestal y tiró la corona al suelo. Viendo como se comportaban aquellos pequeños humanos que paseaban bajo sus pies, pensó que ya no tenía sentido permanecer una noche más, con el frío que hacía, según estaban las cosas.
Ojalá pasase de verdad, mas de uno se daría cuenta de que en este mundo lo mas importante es intentar ser feliz (arduo camino, nadie dijo nunca que fuera fácil) y para conseguirlo no hay atajos, y mucho menos esos atajos pasan por hacer daño, humillar o digamoslo alto y claro PUTEAR a nadie, así que el día que la Sr. Estatua (que ha visto mucho y durante mucho tiempo) baje de su pedestal, apagare la luz, cerrare la puerta y me iré con ella.
ResponderEliminarP.D: me encanta el relato, que no lo había dicho