domingo, 11 de septiembre de 2011

La vida secreta de las palabras

Cuando alguien le preguntaba por qué gustaba tanto de pasarse las horas sola, en su cuarto, sin jugar con nadie, sin hacer ruido, ella se limitaba a mirar con sus risueños ojos y a esbozar una media sonrisa.
“Pobre niña, todo el día sola, encerrada… se debe aburrir tanto sin jugar con nadie, con la cantidad de niñas de su edad que hay en el bloque”
Como cada tarde, después del colegio, merendó rápidamente en la mesa de la cocina y subió corriendo los escalones hasta llegar a su cuarto. Al cerrar la puerta, salieron de debajo de la cama, del altillo del armario y de los más profundo de los cajones, miles y miles de palabras. Ella las reunía, las alineaba o las guardaba en una caja para futuras ocasiones, y con ellas creaba un barco pirata, un castillo encantado o una remota selva.  Otras veces prefería saltar a la comba con los adjetivos o disfrazar a los sustantivos de hermosas señoritas para tomar el té.
Y cuando su madre le preguntaba por qué no quería jugar con Adelita, esa pesada del cuarto, que no era bueno que creciese sin amiguitas, ella miraba de reojo debajo de la cama y esbozaba una cómplice sonrisa a algún pronombre que, impaciente por salir de su escondite, asomaba una patita por debajo de la cama…

2 comentarios:

  1. Todo es muy difícil antes de ser sencillo: "No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." (0scar Wilde)

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  2. Magnifica entrada para empezar un blog,!chapó¡

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